viernes, 9 de enero de 2009

making love with his tonic and gin.

Bebió de un trago todo el vodka que quedaba en su copa, manchando de carmín el borde del cristal. En aquel bar de mala muerte servían copas hasta el amanecer, y con la segunda consumición regalaban trece minutos para desahogarse con el viejo y gordo camarero.
Todo un palacio repleto de borrachos que paseaban con sus cervezas haciendo acrobacias para mantener el equilibrio. Mientras ella miraba su vaso vacío, que nunca tardaba más de quince segundos en volver a estar lleno -de alcohol, de problemas, de desesperaciones-, todos bebían y entonaban a pleno pulmón la canción que un anticuado tocadiscos hacía sonar. Conocía la voz que mecía al bar y, agarrando bien fuerte a su copa de vodka, cantó al hombre del piano acompañando a Billy Joel y a su banda de ebrios despreocupados.
A la vez que un horrible reloj de cuco no cesaba de marcar las cuatro, todos en aquel local bebían para olvidar durante una fría noche de enero. Dejando fuera de las sucias paredes repletas de bourbons y Jack Daniels a una ciudad aburrida de vivir. Riendo y adentrándose en los bajos fondos, pero, sobre todo, no dejando lugar a los remordimientos.

3 comentarios:

Dara Scully dijo...

Los remordimientos acababan licuados en el fondo de las copas. Se los bebían todos.


Un miau grande

nienna dijo...

y dejaban las preocupaciones flotar en el vaso, las empapaban de alcohol, para que fuera más fácil tragarlas cada día.

Louise. dijo...

Éste lo leí en tu fotolog, peor me sigue encantando :)