domingo, 18 de enero de 2009

a day, a month, a year

¿Os sabeis aquella de la chica que lo perdió todo por no perderse así misma?

PROXIMAMENTE

lunes, 12 de enero de 2009

¡Una de sinsentido, por favor!

Ella es cada una de las complicadas sinfonías que el idiota de su hermano califica de aburridas. Esas que a ella la hacen sonreír.
Es esa pelea con el vecino que carece de sentido y sin embargo a ella le sirve para desahogarse.
Es todos esos colores sin color con los que viste. Su negro y su violeta. Su cámara sin estrenar.
Es horas y horas de conversaciones. Hojas y hojas de palabras
Ella es una tormenta a dos grados bajo cero, sin paraguas y sin miedo. Bailando entre truenos y relámpagos, empapada hasta las orejas.
Es una sonrisa fingida y un montón de llantos caducados. Es una historia vacía. Un diario en un cajón. Es su espejo manchado de carmín, esa mancha que no se quita y que tanto la divierte, porque se queda justo encima de su nariz cuando mira a su reflejo.
Es una vieja película en blanco y negro, una de esas en las que el amor nunca fallaba. Ella es todas aquellas noches de placer que se perdieron entre suspiros.
Una guitarra arañada y un tocadiscos cansado de tocar siempre la misma canción.
Es un millón de sueños caprichosos, de esos sin sentido que se te ocurren en una noche de insomnio.
Como un montón de cremalleras que no abren nada. O como todos esos calcetines sin pareja que consiguen desquiciar a cualquiera.

Ella podría ser muchas cosas, pero en realidad no es nada. Sólo un montón de palabras que nadie entiende y de las que no se quiere separar.

viernes, 9 de enero de 2009

making love with his tonic and gin.

Bebió de un trago todo el vodka que quedaba en su copa, manchando de carmín el borde del cristal. En aquel bar de mala muerte servían copas hasta el amanecer, y con la segunda consumición regalaban trece minutos para desahogarse con el viejo y gordo camarero.
Todo un palacio repleto de borrachos que paseaban con sus cervezas haciendo acrobacias para mantener el equilibrio. Mientras ella miraba su vaso vacío, que nunca tardaba más de quince segundos en volver a estar lleno -de alcohol, de problemas, de desesperaciones-, todos bebían y entonaban a pleno pulmón la canción que un anticuado tocadiscos hacía sonar. Conocía la voz que mecía al bar y, agarrando bien fuerte a su copa de vodka, cantó al hombre del piano acompañando a Billy Joel y a su banda de ebrios despreocupados.
A la vez que un horrible reloj de cuco no cesaba de marcar las cuatro, todos en aquel local bebían para olvidar durante una fría noche de enero. Dejando fuera de las sucias paredes repletas de bourbons y Jack Daniels a una ciudad aburrida de vivir. Riendo y adentrándose en los bajos fondos, pero, sobre todo, no dejando lugar a los remordimientos.